Paco de Lucía · Guitarra flamenca · Camerinos del Teatro Alcalá-Palace, Madrid · 7 de abril de 1987 · © Paco Manzano
Una fotografía que no debería existir — y que lo cambia todo.
La mayoría de las fotografías de Paco de Lucía son de concierto — el guitarrista en el escenario, bajo los focos, con la guitarra en las manos y el público enfrente. Esta no. Paco Manzano entró en los camerinos del Teatro Alcalá-Palace de Madrid el 7 de abril de 1987, después del concierto de Manolo Sanlúcar, y encontró a Paco de Lucía sentado, con el traje puesto, las manos cruzadas sobre el regazo y la mirada hacia la cámara. Detrás de él, reflejados en el espejo del camerino, el propio Manzano con su cámara y el guitarrista Isidro Muñoz.
Es una fotografía de intimidad que pocas veces se consigue con un artista de ese nivel. Paco de Lucía no está actuando — está siendo. El traje inmaculado, la corbata, el pelo largo recogido. Las manos que han cambiado la historia de la guitarra flamenca, quietas sobre las piernas. La mirada directa, sin pose, sin distancia. Un hombre en un camerino frío con un radiador de gas en el suelo, que acaba de escuchar a un amigo tocar y está esperando para irse a casa.
Paco Manzano ha contado que el reflejo del espejo — él mismo con la cámara, Isidro Muñoz a su lado — no estaba planeado. Simplemente estaba ahí. Y esa casualidad convierte la imagen en algo más que un retrato: es un documento sobre cómo se hacen las fotografías, sobre la relación entre el fotógrafo y el fotografiado, sobre los momentos que ocurren cuando nadie está actuando para nadie.
Esta foto cuelga hoy en las paredes de Cardamomo. Si estás aquí es porque la viste en la sala. Ahora ya sabes lo que ocurrió aquella noche.