Mario Maya — Cumbre Flamenca 1986, Teatro Alcalá Palace, Madrid

Tres instantes de un mismo baile que cambiaron el flamenco para siempre.

Como con Chocolate, Paco Manzano eligió el tríptico. Tres fotogramas dentro de un mismo marco — Mario Maya en el Teatro Alcalá Palace de Madrid, durante la Cumbre Flamenca de 1986, con el chaleco negro y la camisa blanca, en tres posiciones distintas de un mismo movimiento. La secuencia no cuenta el baile — lo analiza. Y en ese análisis está todo: la postura, los brazos, el peso del cuerpo sobre las piernas, la cabeza que sigue al gesto.

Mario Maya era en 1986 el coreógrafo y bailaor más influyente de su generación. Nacido en Granada de familia gitana, se había formado en la escuela clásica del flamenco y había dado el salto que muy pocos daban: integrar la técnica teatral contemporánea en el baile jondo sin traicionar su esencia. Sus espectáculos de gran formato — Camelamos Naquerar, Ay Jondo — habían llevado el flamenco a los teatros más importantes de Europa y América, y habían demostrado que el baile gitano podía hablar al mundo sin perder su alma.

Manzano lo capturó en el momento más puro — no en el espectáculo de gran formato sino en el recital, en el Teatro Alcalá Palace, ante un público de aficionados que lo conocía desde antes de la fama. El tríptico es una lección de anatomía del baile flamenco: cómo el cuerpo de un bailaor de estirpe organiza el espacio, el tiempo y la emoción en un solo movimiento.

Esta foto cuelga hoy en las paredes de Cardamomo. Si estás aquí es porque la viste en la sala. Ahora ya sabes lo que ocurrió aquella noche.

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