El Cabrero · Cante y fandango · Festival por Tarantos, Colegio San Juan Evangelista, Madrid · 27 de abril de 1996 · © Paco Manzano

El sombrero, el puño y el grito que no busca aplausos

El sombrero de ala ancha casi oculta el rostro. La cabeza inclinada hacia abajo, el puño cerrado apretado contra la barbilla, los ojos que no se ven. Paco Manzano capturó a El Cabrero en el momento más íntimo del cante — ese instante previo en que el cantaor se recoge sobre sí mismo antes de abrir la boca, cuando todavía guarda dentro lo que va a contar.

José Domínguez Muñoz, «El Cabrero», era en 1996 la voz más incómoda del flamenco español. Mientras Madrid crecía y se modernizaba, él seguía pastoreando cabras entre gira y gira en su Aznalcóllar natal y cantando por fandangos que denunciaban la soberbia del poder, la injusticia social y la desconexión del hombre urbano con la naturaleza. No era un personaje — era exactamente lo que parecía. Y eso, en el mundo del espectáculo, es casi un escándalo.

El Festival por Tarantos en el Colegio San Juan Evangelista era el escenario perfecto para él. Un público universitario y aficionado que no buscaba espectáculo sino verdad. Manzano lo retrató con la misma sobriedad con que él cantaba — sin artificios, con la luz que había, dejando que el sombrero y el puño contaran la historia.

Esta foto cuelga hoy en las paredes de Cardamomo. Si estás aquí es porque la viste en la sala. Ahora ya sabes lo que ocurrió aquella noche.

 

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